En la preparación de muestras y separación de fases, seleccionar el equipo adecuado es determinante para evitar la desnaturalización celular.

Evaluar una centrífuga refrigerada o estándar: diferencias, usos y cuándo elegir cada una permite optimizar la inversión según los requerimientos térmicos de cada ensayo.
Control de Temperatura: La centrífuga estándar opera a temperatura ambiente. El roce mecánico del rotor suele generar una fricción que incrementa la temperatura interna entre 5 °C y 10 °C. En cambio, la centrífuga refrigerada incorpora un sistema de enfriamiento activo con control digital que mantiene rangos precisos entre -20 °C y +40 °C.
Preservación de Muestras: El modelo refrigerado protege analitos termolábiles (como proteínas, enzimas y fragmentos de ADN/ARN) contra la degradación provocada por el calor inducido durante la rotación prolongada o a altas velocidades.
Costo e Infraestructura: Las centrífugas estándar ofrecen una inversión inicial y un costo operativo menores para procesos de rutina. Los modelos refrigerados exigen mayor espacio físico y potencia energética a cambio de versatilidad técnica.
Elegí una centrífuga estándar: Si procesan muestras inorgánicas, separación de sangre u orina de rutina, preparación de sedimentos o ensayos industriales que no son vulnerables a pequeñas variaciones térmicas.
Elegí una centrífuga refrigerada: Si tu laboratorio realiza extracción de ácidos nucleicos, investigación farmacéutica, proteómica, serología avanzada o ensayos de control de calidad donde la estabilidad térmica es obligatoria.
En Instrumental Pasteur disponemos de centrífugas de laboratorio de alta gama con certificación de origen, rotores intercambiables y asesoramiento profesional para equipar tu espacio de ensayo con total respaldo técnico.
Última Actualización: 19/08/2026 22:10